EL CICLO DEL AGUA

Botánica

Prácticas de Laboratorio

Fisiología Vegetal

 

 

 

 

El ciclo del agua se puede definir como la secuencia de fenómenos mediante los cuales el agua pasa desde la superficie terrestre en forma de vapor de agua a la atmósfera y regresa en forma líquida y sólida de nuevo a la superficie terrestre. Antes de ver más detalladamente este ciclo es conveniente mencionar que el agua movida mediante el fenómeno de sublimación (paso directo del agua desde la forma sólida hasta vapor de agua) es insignificante en comparación con la evaporación (transferencia de agua desde la superficie de la tierra hacia la atmósfera en forma de vapor de agua) y la transpiración (transferencia de agua desde la superficie de la tierra hacia la atmósfera en forma de vapor de agua pero mediado por las plantas y animales). En conjunto, la evaporación y la transpiración recibe el nombre de evapotranspiración.

El vapor de agua, una vez evaporado de la superficie terrestre ya sea directamente o a través de plantas y animales se condensa tras recorrer largas distancias formando las nieblas y las nubes, y posteriormente la precipitación. La precipitación puede caer en forma líquida (lluvia), sólida (nieve y granizo), por condensación del vapor de agua (rocío), por congelación del vapor (helada) o por intercepción de las gotas de agua de las nieblas (nubes que tocan el suelo y el mar). Esta precipitación en parte es devuelta directamente a la atmósfera por evaporación, parte por escorrentía superficial se concentra en surcos y el resto se infiltra en el interior del suelo, la cual puede volver a la atmósfera por evapotranspiración o profundizar hasta las capas freáticas. Tanto la escorrentía coma la infiltración acaban alimentando los cursos de agua que acaban desaguando en lagos y océanos.

Para que el agua pueda pasar desde la fase líquida y sólida hasta la de vapor es necesaria la energía solar, siendo además la causante de las circulación atmosférica que transporta el vapor de agua y mueve las nubes. En cuanto a la precipitación es posible gracias a la fuerza de la gravedad.